“El júbilo”: ¿Un poema acontecimiental?
Santiago López Maguiña
UNMSM
U de Lima
“El júbilo” es uno de los poemas emblemáticos de Hora zero y de Juan Ramírez Ruiz en particular. Lo leo y releo apenas he recuperado el libro, después de tres años por lo menos, donde se encuentra Un par de vueltas por la realidad (1971). Seguro que muchos lo han leído y debe haber sido incluido en muchas antologías, pero aquí lo copio para quienes no lo tengan a la mano. ¿Estará en Internet? Un rápido recorrido me permite comprobar que no está. En cambio hay uno de Jaime Labastida, poeta que leo con placer, de título parecido. Aquí va el poema de Juan entonces:
El júbilo
Atención, éste es el júbilo, éste es el júbilo
huyendo del silencio, viene, viene, se queda,
limpia, éste es el júbilo, el silencio le huye.
Elfina tú decías no, pero está conmigo
tómalo en mis ojos, en mis manos. Elfina
deja la tarde en la calle, avisa y que vengan,
que se alejen de las ofensas, que descuiden la
acechanza, el improperio, la alevosía,
aviso, dilo y abandona las oficinas,
corre, ven con todos, corre, separa tus dedos
de las máquinas sumadoras, cierra cierra,
los libros, los llaveros, los insultos, éste es el júbilo,
éste es el júbilo, reconócelo Elfina, éste es el júbilo.
Este que se aleja de la redondez del cuatro,
de la punta involuntaria del cinco
o del alambre que sigue al viento. Este es el júbilo,
éste es el júbilo, éste viento cargado
con sonidos de vidrios verdes, éste es el júbilo
y conmigo está mirando la tarde. Entro en los pechos,
en las frescas canciones, entro, éste es el júbilo,
esa música, esa abundancia, ese relumbre
que dejó caer sin recogerlo, éste es el júbilo,
reconócelo Elfina, éste es el júbilo.
El DRAE define así “júbilo”: “Viva alegría, y especialmente la que se manifiesta con signos exteriores”. El adjetivo “viva” da el tono y la velocidad del sustantivo. Entre otros sentidos lo “vivo” expresa lo intenso y lo veloz. Ya de por sí el estado de ánimo de la “alegría”, según la definición que da el DRAE, es “sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores” (el subrayado en mío), de acuerdo a su primera acepción, y de acuerdo a su segunda “palabras, gestos o actos con que se expresa el júbilo o alegría”, el “júbilo” aparece como la figura de un redoblamiento, es decir, caracterizado por una ascendencia tensiva de un “cada vez más de ‘mas’”(Zilberberg: 2007: 72 y ss).
La definición que da el DRAE especifica que en el “júbilo” la alegría “se manifiesta con signos exteriores”. Es decir, se trata de una presencia afectiva fuertemente expresiva. ¿Existe la pura alegría, que no se exprese de algún modo, incluso si es propia e íntima? No nos podemos imaginarla. En todo caso para el Diccionario sí que es concebible. Lástima que no incluya ejemplos. En el poema de Juan Ramírez Ruiz el “júbilo” aparece en dos campos de presencia: en el de quien lo hace presente mediante su referencia: “éste es el júbilo”, y en el de quien donde se hace presente. Así se presentan dos observadores que toman posición y que se definen por un conocimiento distinto del “júbilo”. El observador que conoce el júbilo y por eso lo pregona, y el observador que es llamado a atenderlo, porque no lo conoce o porque no cree en su existencia.
Quien pregona el júbilo anuncia dicha presencia como algo vivo y concreto. Destaca de ella un primer rasgo: el silencio le repele y el silencio repele de ella. Se aprecia, por tanto, una presencia bulliciosa e irruptora, cuya aparición inopinada es estallante.
En segundo lugar, esta es una aparición que llega con quien la pregona. Es más, es parte de cuerpo. De hecho, si el júbilo se expresa en signos, tales signos son parte del cuerpo del pregonero. “está conmigo / tómalo de mis ojos”. Y si el pregonero es el poeta, se puede decir que el júbilo llega con el poeta, que de por sí es poesía. Esta es una conclusión a la que es posible llegar si consideramos que de acuerdo a las creencias de Hora zero el poeta encarna completamente la poesía: la poesía vive en el poeta, y el poeta vive en la poesía.
El poeta pregonero exhorta a salir del mundo en que se hallan cautivos los seres humanos: el mundo del trabajo rutinario y de la humillación, específicamente el mundo de la contabilidad, de los números, de la técnica, e invita a ingresar en el universo de lo fantástico incontable, infinito e inmortal.
“El júbilo” es un poema que parece hallarse por eso en la ola acontecimiental de los años sesenta y setenta: la revolución cubana, Vietnam, la revolución cultural china, las revueltas estudiantiles, mayo del 68, los cambios que se suscitaban en el Perú de esos años, los Beatles, el free jazz, las nuevas ondas de la música popular en todos sus géneros, el boom de la novela latinoamericana, el suicidio de José María Arguedas, etc. Pero la concepción del poeta como centro del acontecimiento poemático reduce a mí entender su carga transformadora y lo lleva hacia los terrenos del sujeto oscuro. Este es el campo de la verdad que se impone y no de la verdad que se descubre en el ejercicio de la indagación poética, que está presente en Un par de vueltas por la realidad y en los otros libros que Juan Ramírez publicó. En todo caso en su obra poética se pasa pendularmente de la afirmación irrefutable de una verdad única a la enunciación arriesgada de una verdad inexplicable.
BIBLIOGRAFÍA
Ramírez Ruíz, Juan. Un par de vueltas por la realidad (1971). Lima: Ediciones del Movimiento Hora zero.
Zilberberg, Claude. Semiótica tensiva (2007). Lima: Fondo Editorial de la Universidad de Lima.
Tomado de la pagina de Facebook con el permiso del autor (nota del editor)