Ni delante ni detrás de nadie este libro progresivo cumple con la tarea urgente de inaugurar el área de estudios de la obra de nuestro querido wayki Juan Ramírez Ruiz. Juan Ramírez Ruiz es autor de Un par de vueltas por la realidad, Vida perpetua , y Las armas molidas. Fue cofundador y teórico de Hora Zero. Cada uno de sus libros es un acto seminal. Un par de vueltas... articula el arte poética de su momento, Vida perpetua rompe con las formas tradicionales de la escritura y antecede, entre otras cosas, al texto abierto de la cibernética, y Las armas molidas son un profundo canto épico del Perú desde su vertiente indígena, en donde el poeta postula tanto un orden escritural basado en las tradiciones sígnicas indígenas, como la amalgama de las tradiciones amazónicas, andinas y costeras, que en este momento crucial tienen un rol clave en el futuro del Perú. El editor agradece a todos los que han puesto de su parte en este proyecto. En especial a Roger Santiváñez y a Marithelma Costa, y a todos aquellos amigos pasados, actuales y futuros del poeta. Los contribuyentes de este libro progresivo y perpetuo comparten la ausencia de Juan Ramirez Ruiz con sus familiares y seres queridos. Este duelo es eterno.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Juan Ramirez Ruiz: Una sola vida, muchas muertes


Juan Ramírez Ruiz

UNA SOLA VIDA, MUCHAS MUERTES


Manuel Vereau Veneros


Nunca pudo quitarse de encima ese turbio desacuerdo con el mundo tal como era,
como si hubiera arribado a destiempo de todo, incluso del amor que tanto buscaba. Auténtico, noble e irascible a veces, generoso y agresivo, Ramírez Ruiz se negaba a aceptar la poesía complaciente y burda. Como si ocultara una navaja en el paladar, quería imponer su orden propio a toda costa. Inconforme siempre, qué podía importarle la satisfacción de otros, quizá en el fondo no sabía de qué manera hallar su sitio entre nosotros. Jugaba a la ruleta rusa con su misma vida, se exponía íntegro a lo que viniera en la oscuridad que lo perseguía. Anhelaba la armonía del abrazo y la charla verdadera. Arremetía con desesperación cuando no lo comprendían. Sufría sin quejarse y a pie firme aguantaba la orfandad de quien sabe que ya no tendrá salida alguna.

Sin un céntimo en el bolsillo, porfiaba en meterse al festejo donde nadie lo había invitado. Muchas veces insoportable, con Juan nunca se sabía qué podía ocurrir, sobre todo cuando ebrio de desamor y alcohol jugaba a la provocación. Había en él otro que lo perseguía. Un hombre que abofeteaba la vida con su poesía, se creía con derecho a hacer lo que quería. Brillante cuando se lo proponía, era una ruidosa soledad cuando naufragaba en las bares del centro de Lima. Sin embargo, ese mismo hombre turbulento y atormentado, fue capaz de concebir y escribir, como hija de sus mismas entrañas, Las armas molidas. Libro complejo y ambicioso de extraña identidad: crónica y canto, relato y biografía, hecho con denodado esfuerzo por captar la diversidad cultural y social del Perú que buscaba retratar.

Sustentado también en un lenguaje múltiple, empeñado en la ruptura e innovador en la expresión, asume la pluralidad de signos de carácter geométrico prehispánicos de nuestros ancestros andinos y amazónicos, (lo que el denomina andigramas), en el afán de hacer confluir su poesía con las formas gráficas y huellas prehispánicas para dar cuenta de los mitos andinos presentes aún entre nosotros. A la vez, el libro es un rastreo de la historia del país, canto y testimonio desde el punto de vista de las mayorías nacionales. Investigar, registrar diversidad de datos y escribir tan complejo texto demandó del poeta una desmesurada energía y concentración sobre lo que se proponía crear: un tipo de escritura (alfagramática) que reemplace el alfabeto que utilizamos comúnmente. El carácter de la propuesta es complicado y el resultado no siempre óptimo.

Arriesgó demasiado Ramírez Ruiz con este libro, su misma lectura demanda un esfuerzo especial por parte del lector. La arquitectura del texto es intrincada y exige suma atención. Pero la contundencia y eléctrico esplendor de muchos de sus versos, la audaz construcción de imágenes y el propio lenguaje sobre el cual se erige el libro, devienen en un discurso poético que muchas veces conmueve. Aunque cierto es también que, en su afán de dar cuenta original de sucesos violentos e históricos que sufrió el país, el lenguaje es forzado en demasía y en parte socava la comunicación con sus lectores.

Tratándose de una obra de tamaña envergadura, ese era el riesgo y Juan lo asumió cabalmente, como asumió en su vida la poesía que celebraba. Un alma solitaria, sensible en grado extremo, con una pérdida tan prematura de la madre y luego del padre, privada precozmente de su primer y fundamental vínculo con el universo de los afectos, pudo haber tenido otra suerte. Cuando el niño pierde el sustento afectivo y alimenticio de la madre, el mundo oscurece. Esa temprana carencia, sumada a la desaparición del padre, pudo haberlo empujado a la perdición. Sin embargo, Ramírez Ruiz, a diferencia de la mayor parte de seres humanos atragantados por el sufrimiento, pudo expresarse mediante la poesía y transformar el cruel desamparo en afirmación de vida.

Ahí está el poema El júbilo, un canto imperecedero a la vida y a la alegría, la misma que él mostraba cuando espontáneo y chispeante compartía con los amigos su entusiasmo por la vida. Con cuánta brillantez pudo sacar adelante su indomable oficio de poeta. Palabras que trituró y deshizo una y otra vez para que relumbrantes digan cuánta perseverancia en edificar un canto de amor y compromiso con los demás. Poeta que reclamaba una vida decente para todos. El zarpazo del infortunio nunca le arrebató la dignidad.

Nunca solo, solitario por convicción y afirmación de su libertad, reivindicando siempre la necesidad de un orden justo para quienes sufren las peores consecuencias de la injusticia y la postergación. Reinó en el desorden de su existencia y fue en medio de la barbarie de saberse excluido y menospreciado, como millones de peruanos pobres lo están, en ese batallar contra la sordera social y en la búsqueda del amor, cuando concibió que la vida no valía la pena de ser vivida, si no se sacrificaba todo en el fuego de la poesía.


Manuel Vereau Veneros

Diciembre 2008