Ni delante ni detrás de nadie este libro progresivo cumple con la tarea urgente de inaugurar el área de estudios de la obra de nuestro querido wayki Juan Ramírez Ruiz. Juan Ramírez Ruiz es autor de Un par de vueltas por la realidad, Vida perpetua , y Las armas molidas. Fue cofundador y teórico de Hora Zero. Cada uno de sus libros es un acto seminal. Un par de vueltas... articula el arte poética de su momento, Vida perpetua rompe con las formas tradicionales de la escritura y antecede, entre otras cosas, al texto abierto de la cibernética, y Las armas molidas son un profundo canto épico del Perú desde su vertiente indígena, en donde el poeta postula tanto un orden escritural basado en las tradiciones sígnicas indígenas, como la amalgama de las tradiciones amazónicas, andinas y costeras, que en este momento crucial tienen un rol clave en el futuro del Perú. El editor agradece a todos los que han puesto de su parte en este proyecto. En especial a Roger Santiváñez y a Marithelma Costa, y a todos aquellos amigos pasados, actuales y futuros del poeta. Los contribuyentes de este libro progresivo y perpetuo comparten la ausencia de Juan Ramirez Ruiz con sus familiares y seres queridos. Este duelo es eterno.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Elegía a la muerte del poeta Juan Ramírez Ruíz / Juan Carlos Lazaro




Elegía a la muerte del poeta Juan Ramírez Ruíz

Juan carlos Lazaro



Palpablemente
tu inolvidable cholo te oye andar
César Vallejo


El silencio absorto de las flores amarillas,
o de las ferreterías encadenadas a sus propios clavos,
o de las pisadas sin huellas que avanzan hacia
ningún lugar, me dice que aún esperas en
una estación de transporte de provincia,
donde la lluvia y la niebla lo humedecen todo,
aún los vestidos blancos de las novias abandonadas
y las pipas invertidas de los jóvenes iconoclastas.

Pero ahora vuelves a casa, Juan, te estoy mirando,
llenos los bolsillos de objetos indescifrables y de
cuadernos de versos más secretos todavía,
extraídos acaso de tu comunión con las piedras,
aunque ávidos de primavera y de sol.
Es todo tu equipaje, pero cantas y repites
“¡este es el júbilo!”, mientras rebuscas entre
tus libros deshojados
y en una esquina de la ciudad entierras
una lámpara amarilla siguiendo el ritual
de los funerales indígenas.

Cómo iba yo pues a llamarte por tu nombre
entre tanta gente cuerda y lógica,
cómo iba a seguirte entre las cabezas inclinadas de
los académicos y los funcionarios,
cómo iba a decirte sin que me arresten los policías
que ciertas constelaciones giran en mi cuarto,
y que en las noches de verano cultivo un girasol
como quien prepara un viaje a la Luna.

Pero el joven iconoclasta que vino del norte
no solloza por los relojes que detuvieron sus agujas
ni por los manifiestos que palidecieron tras
el diluvio y el viejo siglo.
Escribe de prisa en el reverso de las puertas
de los palacios que perdieron sus sombras
y busca debajo de las huacas el Gran Libro
de aquel tiempo sin edad.
Está solo y mojado por la lluvia, delira,
y a última hora corre a comprar un boleto
de viaje interprovincial.



(17 de junio de 2008, primer aniversario de la muerte de JRR).