Ancash 444: aproximaciones a Juan Ramírez Ruiz
Ni delante ni detrás de nadie este libro progresivo cumple con la tarea urgente de inaugurar el área de estudios de la obra de nuestro querido wayki Juan Ramírez Ruiz. Juan Ramírez Ruiz es autor de Un par de vueltas por la realidad, Vida perpetua , y Las armas molidas. Fue cofundador y teórico de Hora Zero. Cada uno de sus libros es un acto seminal. Un par de vueltas... articula el arte poética de su momento, Vida perpetua rompe con las formas tradicionales de la escritura y antecede, entre otras cosas, al texto abierto de la cibernética, y Las armas molidas son un profundo canto épico del Perú desde su vertiente indígena, en donde el poeta postula tanto un orden escritural basado en las tradiciones sígnicas indígenas, como la amalgama de las tradiciones amazónicas, andinas y costeras, que en este momento crucial tienen un rol clave en el futuro del Perú. El editor agradece a todos los que han puesto de su parte en este proyecto. En especial a Roger Santiváñez y a Marithelma Costa, y a todos aquellos amigos pasados, actuales y futuros del poeta. Los contribuyentes de este libro progresivo y perpetuo comparten la ausencia de Juan Ramirez Ruiz con sus familiares y seres queridos. Este duelo es eterno.
viernes, 22 de marzo de 2013
Carta de Mario Santiago Pasquiaro a Bernardo Rafael Alvarez
Carta de Mario Santiago Pasquiaro a Bernardo Rafael Alvarez
Nuestro wayki Bernardo Rafael ha permitido reproducir una carta de su pirka de facebook escrita por el buen Mario Santiago Pasquiaro, un gran chingon de la palabra, faro infrarealista, admirador de Juan Ramirez Ruiz, cuyo (Ancash 444) aun se puede visitar, y amigo de Hora Zero y la poesia peruana del momento.
Cuatísimo “magister”/ enrojecido gurú, encueradísimo POETA!!!, & chavo, & chavo muy chavo, claro está:
--->Brincando chapoteando haciendo pirámides humanas sobre mares hawaianos y olas altísimas / capaces de despeinarle el copete a la ya faraónica –menopáusica- torre Eiffel –>(“hasta aquí llegó el genio creador del hombre”)/ o al ombligo de un SPUTNIK extraviando órbita…..Envíote como de rayo --------> este bumerang apenas recibida tu aproximada conversación pirromaníaca / -->2 volúmenes aun enyerbados, fresquecitos/ oliendo a MOLOTOV en proceso de encendido/ a coño electropurísimo de chavala que nos hace clang clang/ y ay digo a los pulmones/ nos ataja la respiración/ nos acelera el cha-cha-chá cardíaco/ nos mueve el biciclo a pisotiar las carreteras/ a escalar de rodillas, corazón, cerros desyerbados, rascacielos bamboleándose/ a tirarnos clavados (posición vertical/ narices apretadas) a las profundidades del océano, para el consabido regalito de un poema con tintes de ramo de zargazos…../
--->Uy, uy, uy, POETA/ --> Cotorros efectivos, algunos con voltios, decibeles utilísimos tus minutos violentados tu se ve proceso (encarrilado ya) de convulsión de movimiento trepidatorio > ininterrumpido permanente (para trotskear un rato).
Juan Ramírez Ruiz ya habíanos chismeado algo sobre ti/ ---> siempre alegra derrama la recaudería de ntra. euforia/ el sano funcionamiento de un motor heterodoxo/ el pío-pío desenfadado desde un nuevo cascarón/ (un eslabón más en TIERRAFIRME de ese gancho al hígado colectivo/ que lo tenemos que hacer toda una chuza, una SRA. carambola, todo un gol, toda una conflagración nuclear rompevidrios horadaredes/ Y MÁS/ Y MÁS/ --->toda una expansión de COMBATE al infinito/ la vida en todas sus nitrogiserisimas posibilidades, en todo su sexualísimo esplendor/ brillando voltios & voltios como la estructura plurifocal de uno de los Cantares de Pound) ¿Eh?/ Por ahora -->Tutankamen/ Leonardo/ miguel ángel/ pabloruiz “destructor-constructor de FORMAS /Picasso/ Pablito “celulitis” Neruda (tanto que nos RASPABA, & tantito que lo queríamos), los geniales arquitectos del Partenón (¿para qué intentar ponerlo de pie?) -->ya bien Q.E.P.D # bien R.I.P./ R.I.P./ & nosotros NUESTROS propios Faros de Alejandría/ colosos de Rodas( ntras. veintiúnicas claraboyas, varitas mágicas, llaves DIVIS, DIVIS, jodienda cotidiana……Mira chavo/ cambiando de fachas/ de carácter --> no sé que dirección tengas de mi cueva/ el correo anda algo desquiciado/ vivo en los alrededores de la “GREAT CITY & sus cloacas anexas”/ & la telecomunicación (aún macroondinada, telepática) Es un Relajísimo de poca # aunque AHORA sí espero que los ovnis, los gargajos, las flechas envenenadas con su respectivo sello postal (exígennos los kánones) sean + y cada vez + certeros/……El Maestro joseantonio anda de excursión (a ver qué ONDAS) por Centroamérica / & debe de acuatizar en esta gelatina sin cuajar, en unas cuantas lunas más/
*** " Cretinoamérica” es una Expresión de reconocimiento, de identidad autocrítica/ cínica (quizás) pero neta / al grano / que nos inmiscuye en una u otra forma a todos los nativos de estas agrias licuadoras latinoamericanas #
¡¡¡Uff!!! --> ¿sabes? No recibimos ningún poema adjunto a los cartones impresos/ sin embargo pensamos ya utilizar 2 que 3 gramos de tu polen en siguientes salidas de ZARAZO -- > (próximo número a aparecer (esperamos ya corriendo MAYO/ después de conmocionantes/violentísimas broncas económicas/ ¿Me pregunto CÓMO CARAJOS/ el TIZIANO no trastabilleaba de hambre???) o en ALGO QUE FUNCIONE ELÉCTRICAMENTE por aquí……
>Difundir los Gargajos > lo importante/ difundirlos con todas las fuscas de ntra. ley el orgasmo de la batalla # Saludos a los iracundos, iconoclastas, trepidatoriamente sensuales patas de Hora-zero/ --> & demás chavos capaces de jalar adelanmte las autopistas repletas de gentes & automóviles --> carcachas >desvieladas (¿qué ondas? Con gamarra, JÁUREGUI, durand, rupay, Armijos/ ¿siguen dando guerra “Eros” & “tortuga ecuestre?/ Infórmame de ellos/ & si pueden/ & están interesados ¡Qué formalidad --> madame bobary) que escriban/ Desde aquí nosotros abiertos a facilitarles todo tipo información, MATERIAL (NOSOTROS & de los contadísimos calibres detonantes/ estas chinampas pantanosas) TODO AUXILIO FRATERNAL, et. Etc.
BESITOS A TODAS-TODITITAS-TODANAS las chavalas peruanas --> serranas, costeñas, selváticas/ Qué se yo) Un fuerte abrazo de patas para ti & tu tribu --->
Tu cuate: Mario Santiago
(Capricornio 1953)
& demás copilotos nave ZARAZO/ paseando YA violentamente lúcidos/ (la médula tranquila & a punto del incendio) -->por las prales. avenidas de esta vía láctea bananera
--->MEXICALPAN-DE-LAS-TUNAS/ TRASPATIO-DE-LOS ESTAMOSHUNDIDOS DE AMÉRIKKKA/ 30 de Abril del 74/
(día del niño)
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***para seguirte considerando bicho vivo/ lengua afilada/ manos prestas ( sexo caliente/ inventivo cerebro/ contesta AL TOQUE!!!
contesta AL TOQUE!!!
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Se ha tratado, en la medida de lo posible, de transcribir la Carta tal como aparece en el original, incluyendo las caprichosas flechitas que puso su autor; por ejemplo, la flechita dibujada por Mario después de la frase "Envíote como de rayo" es una línea zigzageante que termina en una púa. Se trata de una Carta históricamente valiosa y, claro, también en el aspecto literario, especialmente por la manera como fue construida. Estamos seguros que contribuirá a reescribir la biografía del Movimiento Hora Zero (el más importante de Latinoamérica) principalmente en cuanto se refiere a su internacionalización y por la influencia que significó para la aparición del Movimiento Infrarrealista en México (reconocida, por lo demás, por los poetas mexicanos que lo fundaron). La publicamos por primera vez en forma íntegra, como un homenaje a la memoria de nuestro pata Juan Ramírez Ruiz y de aquel cuate, nuestro amigo epistolar, Mario Santiago (José Alfredo Zendejas, según su registro de nacimiento), desaparecidos, el primero hace cuatro años (el 16 de junio del 2007) y el segundo hace trece (el 10 de enero de 1998); ambos en similares condiciones: bajo las llantas de un carro.
(Anotacion de Bernardo, n. del. e.)
1 comentario:
Anónimo dijo...
Haber, estoy en Riverside y medio borracho. Para ser honesto, mucho antes que Mario Santiago aparecio en Lima un compa mexicano de Monterrey en Mexico (creo que el estado era o es Nuevo leon). Trato de acordarme de su nombre y no consigo. Creo que era Carlos Suarez y su esposa una bailarina de ballet. Ya era parte del grupo de Mario Santiago, y con el se acordo que se publicaria una revista flotante que se llamaria CHE y tendria como subtitulo LATITUD X (La latitud geografica de la ciudad donde se publicaria CHE) y esta revista seria flotante en el sentido de que los que la publicarian serian los compas ligados a Hora Zero en los diferentes paises de America Latina. Ya se habia hecho contacto con Bufanda del Sol del Ecuador, de Clave de Sol de Colombia, de Martin Fierro de Uruguay, y de gente de Bolivia. Tambien creo que con Cormoran de Argentina, pero de eso no estoy seguro. El compa Carlos Suarez se ofrecio y garantizo la publicacion de CHE Hora Zero en Mexico. Se llevo una seleccion de los poemas de los miembros de Hora Zero (Segunda etapa) pero lamentablemente nunca los llego a publicar. Nunca mas tuvimos noticias de ese compa.
ruben urbizagastegui
lunes, 4 de marzo de 2013
Una conversación repentista con Juan Ramírez. Ruiz Reynaldo Jiménez
Una conversación repentista con Juan Ramírez Ruiz
Reynaldo Jiménez, Buenos Aires
Como en su trato con los símbolos, Pedro Páramo, en su trato con
la narración, se constituye a contracorriente: en vez de llevarnos
de la ignorancia a la revelación, nos lleva del conocimiento a la
ignorancia. Nos hace ver, insoportablemente, que en el origen
del lenguaje hay complicidades inconfesables, quizás porque el
lenguaje se propuso salvarnos de vivir a cada instante la inevitable
impotencia de lo orgánico y de lo simbólico. Por eso, tal vez, el
lenguaje se propuso convertirse en un símbolo de símbolos, en una
protección contra las intensidades desolladas de la vida. Y gracias
a él entregamos sentido, creamos sentido. Es lo único que sabemos
hacer, lo único que sabemos crear, lo único que sabemos ser. No es
más que ser, pero es más que morir. Es más, incluso, que vivir. Con
el sentido, al menos, vivimos creyendo que nuestros destinos son
una misma piel, una misma tierra, un mismo espejismo del cielo.
Ni revelación ni trabajo, aunque mucho pueda revelar y exija, de repente, mucho
trabajo, la composición del poema nos pone ante “la impotencia de lo orgánico y de lo
simbólico”. No acontece en otro plano de existencia, sino que amplía la percepción
ampliando, con ello, el mundo. ¿Parar el mundo, será, la experiencia poética (más acá
de cualquier poema “bien escrito”)?
¿Se trata, además, a la hora de componer un poema, de no soltar, bajo la
invocación de nuevos horizontes que no pasan de un reemplazo de estilos, sin remoción
de paradigma, la intención manipuladora de oficiante? Esto plantea el extraño dilema
del falsificador: ¿vale porque reproduciendo técnicas y procedimientos recupera un
estilo, es decir nos reinstala en el reconocimiento retiniano (aquello contra lo que se
pronunciara Duchamp)? Si se puede imitar un estilo, ¿se puede fingir la poesía? (¿Pero
a quién se le podría ocurrir una torsión semejante, con qué finalidad?) ¿Puede, en
efecto, un profesional de la escritura, crear? ¿Es la poesía un asunto de eficacia, ya sea
en el orden de lo estético (la consagración de un estilo), ya en cuanto a su capacidad de
influir en el orden de lo comportamental y lo teórico? ¿La poesía consiste en una serie
más o menos inventariable de objetos verbales, artefactos condensadores de energía,
receptáculos de fuerzas contenidas o desplegadas donde la cultura, en fin, se reconoce?
Tan hondo es el grado de nuestra ignorancia, que tal vez nos resulte al fin de
cuentas conveniente abandonar las ideas fijas acerca de la poesía, tratándose de una
práctica. Esto puede querer decir que en toda práctica no hay sitio de arribo ni otra
contención que un sostenido intento, cuyo valor es su propia impronta, pues si bien la
práctica poética traza un itinerario, el mismo al que acompaña en tanto acción que
cronológicamente se continúa, no tiene cómo confirmar la realidad, siquiera la
existencia, del presunto autor de sus desplazamientos.
Aunque no es intención aquí retornar al debate secular, algo fantasmagórico, en
torno al “yo lírico”, resulta necesario distinguirlo, a éste, del “yo identitario”, esa
representación que supuestamente nos colocaría en algún lugar, en algún estamento
donde, otra vez, la cultura se reconozca, para, entonces, legitimar este guiñapo de
certezas que somos a la hora más abisal. Reconociendo la necesidad, cuando no la
urgencia, de superar las instancias retentivas y reductoras del complejo llamado
naturaleza humana, al mismo tiempo resulta inevitable confrontar la cuando menos
dudosa existencia del ente emisor, el mismo que pudiera estar proponiendo esta o
aquella versión de la realidad.
Lo que salta a la vista es que, en la mayor parte de la ensayística académica
reciente que ha llegado, por distintas vías, al escrutinio entusiasta de este lamparín, lo
que se sigue discutiendo o poniendo bajo la lupa del interés, a veces diseccionador, a
veces interpelante, es la relación de los poemas con la cultura, siendo inmenso el grado
de acercamientos y de provisionales lecturas “acerca de”. Está claro que la poesía es
una cosa y muy otra la investigación socio-literaria, la cual no deja de recaer en una
dialéctica cuyo eje es lo comportamental. Lo cual no desdice la posibilidad de que
se esté ante una maroma de justificaciones, de intentos por explicar lo que quizá, en
cuántos casos, no pase de frustraciones y energías insuficientemente canalizadas.
Ello es pretender que el poema hable. Y que hable de lo que se pretende saber, o
percibir, siendo por lo general lo ya conocido. Las operaciones de reconocimiento son
incesantes, a este nivel, ya que son funcionales a la asimilación del acto creativo: lo que
cuenta es reconocer (sí, esto es un poema, o, incluso, esto es un gran poema) porque
en el reconocer fundamos un Nosotros, base de la violenta aplicación de la noción de
Nación a los poemas. Por ejemplo. Afirmar la existencia homogénea de una supuesta
“poesía argentina” (o “peruana”, u otra) connota una violencia estructural, cohesiva, que
sin embargo pierde completamente de vista (de intuición) a la experiencia poética, que
ocurre precisamente fuera de todo reconocimiento. De toda posibilidad de reconocer.
Incluso.
La cultura que legitima nuestra aberrante rutina perceptual, nuestras preceptivas,
funciona mediante una serie de dispositivos, que responden, desde luego, a mecanismos
de control, los cuales existen, por más explicaciones que podamos encontrarle al hecho,
como una veta o estrato de la conciencia. Lo demasiado humano, ya debería saberse, es
opresor. Lo antropocéntrico podría ser una clave de ingreso a los laberintos subyacentes
en la misma idea de poder que manejamos; el hecho es que estamos fascinados, también
en los círculos académicos donde se esperaría cuando menos una paciencia, un dejar
ser a las voces de los textos sin anteponerles mascarillas premoldeadas y micrófonos
de distorsión, con las imágenes del poder. A la hora de leer poemas, también, y sería
conmovedora sino fuese patética, subsiste la insistencia en “leer” de qué “forma”
un “poema” vendría o no a confirmar (y quizá salvar) “lo real”. No se cuestiona ese
precepto: hay un real, que pasaría, por ejemplo, por el recorte de época programado
desde la óptica historicista (esto es, leer de derecha a izquierda, siempre, y en todos los
casos).
En este sentido es notable cómo, en un contexto donde el prejuicio de
novedad y “último momento” impera, los poetas más arriesgados carecen de lectores
académicos. Simplemente se trata de mundos paralelos. Pienso, por dar un caso de
grave importancia, en dos libros de Juan Ramírez Ruiz: Vida perpetua (1978) y Las
armas molidas (1996). La poética de Ramírez Ruiz precisamente incluye todas las
diagonalidades y estratificaciones posibles, abarcando en palimpsesto la épica (cuando
la época enuncia, repetitiva —en sentido publicitario— como es, la desaparición de toda
epicidad) y la invención, y no sólo procedimental, de una lengua poética que las articula
desde lo inusitado-conectivo y en riesgo constante.
Curioso ello porque se trata, al mismo tiempo, no de un “experimental” (mote
que permitiría un rápido desembarazo aludiendo a la ilegibilidad cuando no lo naïve,
poniendo la marca de la distancia, el supuesto desinterés jerarquizante), sino del creador
del concepto del “poema integral”, que otros integrantes del movimiento Hora Zero
dejaron en lo descriptivo coloquialista y un naturalismo por momentos demagógico,
“bien peruano” —otra vez lo reconocible, otra vez la aplicación de “funciones sociales”
al poema, funciones que no pueden dejar de ser de reconocimiento y afirmación de Lo
Mismo e Invariante: La Realidad— y que él llevó hasta las últimas consecuencias, es
decir ampliando sus márgenes conceptuales mediante una práctica de escritura. Una
práctica semejante no puede dejar de ser, asimismo, una voluntad de intervención en
los signos. Una intervención vital, no la mera “destrucción de lo establecido”, aun en
el lenguaje, sino una ampliación de la realidad mediante la puesta en duda de ese Real
preexistente, dispositivo de control, factor de opresión.
No casualmente el primer libro de Ramírez Ruiz, quizá el único de los suyos
publicados que hasta ahora haya recibido cierta atención, debido a su cercanía
referencial, su técnica, aun diestra, incipiente, en cuanto al volumen materializador
que su poesía adquiriría después, en los otros libros y a través de qué experiencias
y conexiones de lectura, se había llamado Un par de vueltas por la realidad (1971).
Diríase que su registro de la realidad siguió dando vueltas hasta alcanzar esas
subsiguientes rarezas de milagro.
Interesa que en Vida perpetua la voz elocutoria se aleje de la representación para
presentar un diorama hipercomplejo de registros, en un despliegue propositivo, desde el
punto de vista de lo formal, de las formas poéticas, así como desde la actitud inherente
a la práctica, donde la escritura no se hace ya meramente representativa. La figuración
puede o no subsistir —de hecho subsiste— pero el movimiento de los signos ya es parte
de la voluntad compositiva. En esto hay una asimilación trílcica, incluso de aquello que
Vallejo proponía y que podemos apreciar, ahora, como una desprogramación respecto
al imperativo Cultura: no la mención del avión, sino el sentimiento aviónico. Ramírez
Ruiz llega, en Las armas molidas, a la voz abarcadora, en el retablo deslizante, que
no es una voz general ni universal ni “pluralista” ni contracultural ni mediadora ni
libertaria ni “zen” ni tradicionalista ni vanguardista, ni, ni, ni: la voz de muchas voces,
el espíritu de muchos cuerpos.
La presión sacrificial, la violencia estructural de la cultura, la imposición
cosmovisional, la sustitución de las visiones por imágenes de propaganda, la
implantación de centros y periferias, sin descuidar la situación de descuido y
destrucción implicadas en las nociones de identidad. Ramírez Ruiz no ataca el yo de las
convenciones sociales, por el contrario concurre a la voz innumerable, con lo cual no
instala un campamento de guerrilla estilista sino que alcanza la dimensión épica en su
poesía.
No es el héroe individual, remedo del autor, del que “problematiza” el “yo
identitario” o las convenciones sociales del yo, sin tocar la esfera de la cultura —más
bien intentando ubicarse allí, a la cabeza de algún movimiento—, ni la Primera Persona
del Plural de los demagogos u otros vendedores de ilusiones. Abre en cambio a una voz,
o a una sensación de voz accidentada, animada por la irregularidad de una experiencia
transpersonal, por ende tan singular cuanto plural, tan primera como segunda como
tercera persona(s). Y el alto riesgo que ha corrido, para semejante logro, no ha sido
nimio ni, por tanto, debiera minimizarse (no siendo el estilo lo que estaría en juego):
ha debido traspasar las fantasías de proyección de los posibles, incalculables lectores,
proponiéndoles, a cambio del reconocimiento, un salto (receptivo) al vacío de sí
mismos.
El desafío empieza por lo inmediato: ya no se puede leer, apenas, de izquierda a
derecha, hay que leer en todas direcciones y según distintas posibilidades: la resonancia,
lo subliminal, lo subrepticio concurren, en un mismo flujo, con la figuración, las
sintaxis del habla, la invención de recursos, de formas articulares de lo verbal, lo
imprevisible puesto a vibrar, a la vista, como en la aparición misteriosa de los elementos
combinándose inusitadamente. Nunca habíamos leído una poesía así.
Y es trílcica también en este sentido: es de las poéticas que proponen el antiguo
trazo de la senda: “no sigas a tus maestros, intenta lo que ellos intentaron”. Ningún
fundador de escuelas, literarias u otras. Dispersión de semillas, los signos del poema no
reconocen los bordes de una cultura, aunque provengan, claro está, de ella; sólo que se
trata de una poética situada, por ende una lengua americana está en juego. Una lengua
materializadora. Hay que leer matéricamente a Ramírez Ruiz, integrando cualquier
“ilegible” en tanto atisbo de un misterio vital e incesante.
Visto así, declarar la nulidad de las identidades establecidas, huele a nuevos
separatismos, modificar mapas allí donde no ha desaparecido la noción territorial,
la violencia implicada en lo defensivo, que propaga al mismo sistema, posicionando
nomás satelitalmente a las supuestas opciones. Para que ocurra la suspensión del juicio,
la lectura no puede quedarse retenida en ser apenas lectura y a la vez no puede menos
que ser realmente una lectura. El poema pasa por las sucesivas e incluso contrapuestas
lecturas, para denotar un rango de posibilidad, no en pro de algún cercenamiento de la
experiencia.
Con solo revisar los pocos datos biográficos disponibles, se puede saber que
Juan Ramírez Ruiz tenía en foco la prosecución de una poética por completo ajena
a las figuraciones del yo y, sí, en cambio, imbuida de una voluntad transmutante,
transfiguradora, de los elementos de la realidad: “el poema integral”, de cuya
teorización, comentan quienes lo conocieron, JRR escribió un libro completo, que tal
vez se haya perdido, o que permanece, cuando menos, guardado en alguna parte.
En esa concentración compositiva sobre los materiales verbales e intraverbales,
los subentendidos liminares y el malentedido axial, componentes en circulación, en
esa concatenación de elementos observados (como cuando se dice del callar, que “se
observa silencio”) a la luz de una voluntaria ampliación de la realidad, se percibe que se
hizo esencial ampliar la propia noción del yo, de manera de cuestionar las perspectivas
arbitrarias y relativas que definen siempre a la realidad según intereses sectoriales
cuando no individuales.
En Las armas molidas, el tipo de objetividad lírico-épica de JRR se sustrae
definitivamente de los decretos real-objetivistas, para engrampar una sucesión de voces,
sincronizadas por la respiratoria verbal. La épica ocurre allí donde ya no se sostiene
el imperativo de un nosotros, sostén, a su vez, del héroe recortable (fetiche de las
proyecciones), sino la heroicidad misma, constitutiva del gesto-juego liberador. Sentido
heroico de la vida, heroísmo en sí que de pronto sedimenta una voluntad de escritura de
alto riesgo existencial en plena zona de crudeza latinoamarga.
Y entonces: ¿abolir el yo? José María Eguren utilizó una vez, en el único y breve
reportaje que le hicieron, en verdad un cuestionario, el lema Siempre a lo desconocido.
Y José Lezama Lima, en otra parte: Lo desconocido es nuestra única tradición. Ni
revelación ni trabajo: experiencia, el poema no implica necesariamente abolición del yo
o de la idea que de nosotros mismos tengamos, aunque en cierta forma pueda ser, como
en el libro de Westphalen, abolición de la muerte (de la inercia).
Una supina ignorancia acerca de casi todo no impedirá que el poema logre,
eventualmente, trascender al artefacto literario así como al “aparato crítico” y a la
propia “lectura histórica”, que suele fungir de dispositivo de adecuación y de parámetro
interpretativo. El poema es inadecuado y se escurre de los garfios paradigmáticos. De
ahí que no sea, per se, una acción de disolución del yo en lo elocutivo, lo cual, de por sí,
será necesariamente algo que va a ocurrir en tanto y en cuanto el poema sea (en acto de
lectura). Para que haya poema, no puede haber autor protagónico ni lector indemne.
El preexistente es más bien el quiste o cuando menos el satélite puntual y casi
descartable del evento poético, ahí donde la lengua irreductible no se somete a otros
códigos que no sean las de lo inusitado mismo. Ampliación, decíamos antes, de la
realidad; también decimos: desmentida.
Un poeta como JRR demuestra en obra la falacia persistente de dictámenes
tan engañosos como el de la necesariedad de abolir el yo en la escritura del poema
–engañoso porque dictamen y porque presenta una irresolución: ¿quién es el que,
despojado de su yo, puede anunciar, suelto de cuerpo, la abolición de todo yo? De
haber esa abolición, ¿quién estaría allí para contarlo? La tal no se puede anunciar ni
producir según un programa; ocurrirá o no ocurrirá en el textil. El autor no preexiste
ni subsiste a su textil; éste no viene revelado ni se hace portador obligatorio de lo
sublime, pero tampoco es el fruto del esfuerzo intelectual y la sobreintención de sentar
un precedente (sea literario sea antiliterario) ni es carne de teorizaciones interpretantes y
sus consiguientes dictámenes.
Hay quien denuncia a la poesía escrita para la posteridad como un ámbito verbal
desazonado, enfriado de antemano para una hibernación que habrá de despertarlo, al
poema, dentro de muchos años luz, quién sabrá cuándo o dónde o en qué circunstancias.
Es por cierto una caricatura que tal vez no impida notar, de todos modos, que buena
parte de la poesía escrita o realizada carece de medios suficientes para circular. La
lengua, por supuesto, es muchas; tantas como los acercamientos posibles al evento
poético, él sí escaso, impredecible.
La fabricación lírica en serie así como la línea de montaje antipoético son falsas
opciones de una misma frigidez respecto a la experiencia transfiguradora. La cual no
ocurre en ninguna región recóndita del ser, sino que actúa en tanto involucramiento, en
todos los órdenes y abarcativamente.
La poesía de Juan Ramírez Ruiz constituye, en tal sentido, uno de los raros y
cada vez más imprescindibles acontecimientos de lengua en trance y transfiguración.
martes, 6 de septiembre de 2011
2004 LA ÚLTIMA VEZ (homenaje a Juan Ramirez Ruiz ) / Jose Diez


2004 LA ÚLTIMA VEZ
Nos vamos a cruzar por la misma vereda y lo veo
venir con su gorrito, cabizbajo, absorto, parsimonioso
y exclamo a viva voz: ¡Juan Ramirez Ruiz! y voltea;
como (cuando por sobre el hombro nos llama una palmada)
y me mira profundamente, me reconoce y me dice:
¡Pepe Diez, hermano! ¡cuántos años! y yo le digo 33.
La gente nos ha mirado sorprendidos igual
como a los bichos raros.
La última vez en Chiclayo y le hice una foto con un grupo
de poetas en una casa sin luz y una guitarra
y maracas cantando valses y boleros y huaynitos
con Nelly Lozano y Arturo Rodriguez Serquén.
Se nos cayó el corazón en un vaso de vino, dolor
y felicidad, ausencia y reecuentro.
Acá no pasa nada, Pepe. Le cortaron las alas
a la poesía. Se dispersaron las musas
y se publica muy poco.
Así lo recuerdo la última vez, con su modo peculiar,
sus ademanes, los ojos iracundos que ya no veré mas,
igual que en la Colmena y recordamos Lima,
a los amigos, esa noche con todo lo que
queríamos decir y nos callamos
y sufrimos como nunca.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Audios de Juan Ramirez Ruiz
Cumplimos con indicar que la lectura de tres poemas de Juan Ramirez Ruiz que estan crculando en la red, y que publicamos momentaneamente y luego retiramos por razones que no vienen al caso, no son la voz del poeta.
viernes, 24 de junio de 2011
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